
Pones tu mano sobre el papel, sosteniendo la pluma, el lápiz, con suavidad y dejas que tu mano escriba, como si no fuera tuya, como si alguien la llevara...El primer goce, el más auténtico, es el de abrir todas las compuertas para dejar salir, en tropel, las palabras, parvadas de vocablos que vuelan hacia lo alto y tan lejos como quizá no habías podido imaginar...Escribe insensatamente, cuerdamente, locamente, como quieras, pero escribe y verás cómo el papel se ilumina.