
La palabra viva de Dios está viva porque no es un recuerdo ni un relato antiguo, sino una voz que sigue alumbrando, corrigiendo, fortaleciendo y despertando nuestro corazón cada día. En medio de dudas, procesos o cansancio, Su palabra llega con la luz exacta, el consejo preciso y la promesa que sostiene. Nada de lo que Dios ha dicho pierde fuerza; cada verdad que Él habló sigue creando vida, orden y dirección en quienes la creen. Su palabra vive… y cuando la recibimos, también nosotros volvemos a vivir.