
En Gálatas 4:21–31, Pablo usa una historia compleja, la de Sara y Agar, para mostrarnos dos formas de relacionarnos con Dios: desde la esclavitud o desde la libertad.Muchos viven intentando ganarse el favor de Dios a través del esfuerzo, las obras o la apariencia. Pero el evangelio nos enseña algo radicalmente diferente: ya somos hijos, no esclavos.Nuestra identidad no depende de lo que hacemos, sino de lo que Cristo ya hizo.Pablo está rogando que entendamos el corazón del evangelio: Jesús es suficiente.