
"Señor, Tú conoces todos mis deseos. Mis suspiros no son un secreto para Ti. Mi corazón late de prisa, las fuerzas me abandonan, aún la vista se me nubla." (Salmo 38).
Cuando la ansiedad empieza a invadirnos, cuando el temor comienza a apoderarse de nuestras decisiones, nuestro cuerpo siente cambios: el palpitar del corazón se hace más evidente, el desánimo nos llena y no vemos un horizonte claro.
Aún los grandes han sentido eso, y al poner esta situación en manos de Dios han encontrado calma para su alma. A ejemplo de David, dejemos todo esto que sentimos en manos del Señor, que sabe qué es lo mejor para nosotros porque es Aquel que nos creó.