
Siempre en cada herida queda secuelas, y una de ellas es la falta de perdón, el mundo te dice: Véngate, devuelve lo mismo, pero Jesús te dice: Mía es la justicia, y solo nos queda saber perdonar, y perdonarnos a nosotros mismo por haber permitido muchas cosas que nos han herido. Hoy Dios nos invita al acto más valiente y sanador.