
No era solo música.
Era fiebre.
Era ciencia sin nombre y brujería con partitura.
Antonio Vivaldi, sacerdote, violinista y compositor, no escribió Las Cuatro Estaciones para acompañar la vida… las escribió para dominarla. En este episodio descendemos al siglo XVIII para revelar cómo un hombre enfermo, marginado y obsesionado con el sonido logró convertir el clima, el cuerpo humano y el tiempo en música.