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La ruptura sentimental desencadena una cascada de respuestas neurobiológicas similares a la abstinencia, afectando directamente los centros de recompensa en el cerebro debido a la disminución abrupta de neurotransmisores asociados al apego y el placer. Para quienes buscan la reconstrucción de una relación, la aproximación debe basarse en principios de la psicología conductual y social, centrándose en el crecimiento personal y la gestión de la disonancia cognitiva que sigue a la separación.La aplicación estratégica del contacto cero no es un mero distanciamiento físico, sino un mecanismo de reajuste emocional que permite a ambas partes procesar la nueva realidad y revalorizar el vínculo anterior. Este periodo es crucial para generar un refuerzo intermitente que, al ser manejado correctamente, puede reavivar el interés y la atracción basados en una percepción de valor agregado y cambio positivo genuino.El objetivo final de la recuperación no es volver al statu quo previo, sino reestablecer una conexión emocional más madura, abordando las dinámicas disfuncionales que condujeron a la separación. Comprender los patrones de comunicación y las necesidades de seguridad es fundamental para establecer una base sólida de cara al futuro.