
El cuerpo guarda memorias, emociones, intuiciones. Cada estiramiento, cada respiración consciente, cada paso firme es una forma de liberar lo que ya no necesitamos y de abrir espacio para lo nuevo. Y la mente, cuando se mueve con intención, deja de ser ruido y se convierte en guía. El ejercicio, entonces, no es una rutina… es un ritual. Un acto de presencia. Una forma de decirle a la vida: “Estoy aquí, completo, disponible para sentir”.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.