
“Individualmente, somos una gota; juntos, somos un océano.” Ryūnosuke Akutagawa
Bajo la tierra, una red de micelio —esa suerte de Internet subterránea— permite a las plantas comunicarse, avisarse, decidir. Gracias a esa red invisible, el jardín se mantiene vivo y puede volver a florecer.
Necesitamos espacios comunes donde los saberes circulen de manera justa. Donde se reconozca la diversidad de voces, de prácticas, de trayectorias. Donde los recursos se compartan de forma equitativa y se respete la diferencia como una forma de fortaleza.