
A muchos podrá parecerles raro que diga que simplemente fui a un grupo de meditación y en la segunda sesión tuve mi despertar, podrá parecerles muy prematuro y ficticio, pero en realidad no fue un camino fácil. Me tomo 34 años tener un despertar profundo; 34 años en los que cada día que pasaba estaba más perdido, desde que estaba niño con los conflictos de autoestima y amor propio, hasta las crisis de identidad de la adolescencia y los problemas que empiezan a llegar con la adultez. Pero Dios llegó a través de la Ciencia de la Espiritualidad, y todo en mi vida cambio.