
Una paciente con anemia aplásica llega a urgencias buscando ayuda… pero lo que recibe es una sentencia de muerte equivocada.
Un médico le comunica —sin verificar identidad ni resultados— que está a punto de morir. Minutos después, descubren que el diagnóstico no era suyo.
En este episodio analizamos cómo la mala comunicación médica también tiene consecuencias jurídicas, y por qué la empatía y la prudencia son parte del acto médico.