
Hoy confesamos nuestra rebeldía y dejamos que Dios tome el control de nuestra barca. Renunciamos al sentimiento de rencor, ira y tristeza que nos ha dejado no perdonar y soltamos todo aquello que nos impide avanzar. En esta oración poderosa, te declaras más que vencedora (Romanos 8:17) y retomas tu posición en el caminar con Jesús sin cargas.