
hoy vamos a hablar del hambre.
Esa vieja conocida, esa inquilina eterna de las tripas hondureñas, esa señora con olor a pan duro que no se va nunca porque el Estado no paga la renta.
Así que prepárese. Porque si pensaba que su vida era miserable, espérese a entender cómo se ve el hambre con nombre y apellido: Honduras.
Y sí, con tortilla con sal si le alcanza.
Comenzamos.