
En cada debate televisivo, la escena se repite: un político es acusado de un error o escándalo, y en lugar de responder con argumentos o datos, saca del baúl un caso de corrupción de hace décadas. “¿Y qué tal cuando el partido X desvió millones?”, dicen, mientras el tema original se desvanece. Esta táctica, lejos de ser un desliz, es una estrategia calculada que empobrece el debate público y debilita nuestra democracia. ¿Por qué lo hacen? ¿Qué consecuencias tiene? Y, sobre todo, ¿cómo podemos contrarrestarlo?