
La despedida del año dos mil diecinueve en un hotel de Oleiros se transformó en una crónica negra imborrable. Cientos de personas disfrutaban de la cena y el cotillón ajenos a la desgracia que acechaba. La fiesta avanzó hasta la madrugada y el alcohol encendió los ánimos en la zona de la barra. Una discusión absurda derivó en una pelea multitudinaria donde volaron golpes y objetos contundentes. Un joven recibió un impacto mortal con un cenicero y cayó desplomado en medio del caos. La música se detuvo y los gritos de auxilio sustituyeron a las risas. Aquella Nochevieja la muerte se presentó sin invitación y cambió para siempre el destino de una familia destrozada.