
En la gélida víspera de Año Nuevo de dos mil diecisiete la calma de Long Branch en Nueva Jersey se quebró irremediablemente. Scott Kologi un joven de dieciséis años armado con un fusil de asalto transformó su hogar en un escenario de muerte. Mientras el mundo aguardaba el conteo final Scott disparó contra su propia sangre asesinando a sus padres su hermana y una amiga de la familia. Aquella noche la esperanza del año nuevo murió bajo el estruendo de las balas dejando tras de sí cuatro cuerpos inertes y una condena de ciento cincuenta años que selló su destino para siempre.