
Mis hermanos con sus hijos; sus luchas, sus batallas, sus experiencias... Cada vez que nos lo pedían, y cuando lo necesitaban, estuvimos allí para aconsejarlos con amor, guiándolos con la Palabra de Dios... Sin embargo, no puedo negar que algo terrible y doloroso entró en mi corazón, cual gusano que entra y contamina una manzana: envidia. Muy imperceptible al principio, pero envidia al fin. Envidia de mis hermanos...