
En la era de la abundancia de contenidos audiovisuales, la pugna por adquirir Warner Bros. muestra cómo está mutando el valor de los catálogos y de las marcas irreplicables. Además de alterar la estructura del mercado y de relegar aún más a los operadores europeos, es un indicio de cómo el bajo coste del capital de las tecnológicas estadounidenses puede llevarlas a sobrepagar y a acometer inversiones que no serán fáciles de rentabilizar.