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En muchas ocasiones, nuestra oración se ve truncada cuando nos invade el sentimiento de indignidad. En muchos casos, no nos sentimos merecedores del amor de Dios por las acciones de nuestro pasado. Pese a recibir su perdón, vivimos anclados a esos recuerdos que no son más que fantasmas del pasado.
Por eso debemos recordar que la misericordia de Dios es más grande que nuestros esquemas. Que Dios no nos trata según nuestros errores, ni nos paga según nuestras culpas (Salmo 103: 8-10).
Que esta oración sirva como recordatorio de que debemos vivir viendo al futuro, con la firme convicción de que Dios puede cambiar nuestra historia para bien de nosotros y de los que nos rodean.
PD: ¿Te gustaría comentar más sobre este tema o sugerir otras fuentes que aportan diferentes puntos de vista? Escríbeme a lenguajedelamor@edgardcalero.com.
Bibliografía:
Biblia de Jerusalén, Editorial Desclée De Brouwer.
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