
Nuestra Presidenta, Claudia Sheinbaum, goza de un poder tan absoluto y concentrado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial a sus pies) que es, al mismo tiempo, totalmente ineficaz. Controla las instituciones, pero no a sus propios compinches. Ahí tenemos a Adán Augusto López, enredado en el escándalo de La Barredora, y al gobernador Rubén Rocha, ligado al crimen, ambos campantes y gozando de una impunidad total. Si la jefa política no puede limpiar su propia casa, ¿cómo va a limpiar este país que se volvió un muladar?. Su fuerza está más en su monótona arenga que en la acción.
El chiste se cuenta solo: el mayor logro de la administración es que no hemos tenido apagones masivos, no por la eficiencia de CFE, sino por la bendita incompetencia gubernamental. Resulta que el PIB ha crecido tan poco y la 4T ha restringido la demanda (dejando parques industriales terminados sin luz) que, si la economía creciera, simplemente colapsaría. ¡Qué maravilla! No sufrimos un colapso eléctrico porque somos un país estancado. Y para rematar, la CFE (junto con Pemex) no le paga a sus proveedores, así que el horno no está para bollos.
En este clima de prosperidad, México celebró un triunfo internacional: la corona de Miss Universo. Pero como en este país es imposible distinguir entre espectáculo, política, crimen y economía, hasta la corona salió con aroma a corrupción. La ganadora está ligada a un entramado familiar que conecta al Senado con Pemex, y el copropietario del concurso es un empresario exonerado del desastre del Casino Royale que, ¡oh, sorpresa!, obtuvo un contrato millonario de la petrolera estatal. Una corona criminal que, a decir de Dresser, no es de diamantes. Es de latón.
Mientras tanto, en la Suprema Corte (SCJN), la ministra Lenia Batres, con un perfil jurídico que preocupa al empresariado, logró revivir un adeudo fiscal de Femsa por 2,868 millones de pesos ¡una semana después de que la Corte lo rechazara!. Esto genera miedo en los empresarios, quienes temen que otros litigios concluidos puedan rescatarse bajo criterios extraordinarios, reventando la poca certeza jurídica que aún sustenta las inversiones.
La cereza envenenada del pastel es la seguridad. El país está en el lugar 121 de 143 en el Índice de Estado de Derecho, confirmando que si tienes cercanía, tienes impunidad. El crimen organizado opera con una aparente franquicia oficial, mientras transportistas y campesinos, hartos de la violencia y la extorsión en carreteras, anuncian bloqueos que podrían paralizar al país.
La Presidenta, desde San Juan de Ulúa, advierte que los conservadores promueven la injerencia extranjera. Esta diatriba histórica se siente particularmente irónica cuando su gobierno usa tácticas de boicot publicitario al estilo de Luis Echeverría contra medios críticos como TV Azteca. La existencia de un medio se vuelve casi imposible si la autoridad lo sataniza.
México avanza, claro, pero lo hace con la fuerte sensación de déjà vu, recordándonos los tiempos del culto a la personalidad, los legisladores-florero y la represión a los críticos. En resumen, estamos en cualquier parte, menos camino al paraíso.