
Bienvenidos al Segundo Piso de la Cuarta Transformación, donde la realidad es un constructo narrativo y todo va "superfeliz", a pesar de que el crecimiento económico es tan patético que resulta negativo en términos per cápita.
El país es un caos plagado de baches y un aeropuerto que "se cae a pedazos", pero no se preocupe: el gobierno insiste que la rabia y el malestar que se ven en la calle no son legítimos. Los bloqueos carreteros en al menos 20 estados por transportistas, hartos de que los roben, extorsionen y asesinen, no son por la rampante inseguridad. ¡No, señor! Según la secretaria Rosa Icela Rodríguez, son solo "motivaciones políticas" orquestadas por la oposición "derrotada" (PRI, PAN, PRD), confirmando que el oficialismo padece de un incurable "victimismo crónico".
Cuando los líderes de los bloqueos no acudieron a una reunión, un funcionario de la Segob, en un acto de diplomacia avanzada, optó por amenazarlos con "abrir sendas carpetas de investigación", demostrando que la intimidación es la herramienta de diálogo preferida de la 4T.
Mientras tanto, el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), esa joya institucional, está en "agonía", desmantelado desde dentro, con uno de sus propios integrantes cobrando dos salarios del gobierno (uno de ellos de 98 mil pesos brutos mensuales) para supuestamente vigilar que ¡no haya corrupción!. Es la máxima de la Cuarta Transformación: el cinismo es la norma.
El gobierno sigue enfrascado en descalificar y perseguir a cualquier "figura disruptiva" que critique la ingobernabilidad. La Presidenta, que solo ve gente "superfeliz" que hace "colas y colas" para aclamarla, instruye a su gabinete a utilizar cualquier recurso para anular a críticas como Alessandra Rojo de la Vega, alimentando las narrativas de persecución política y corrupción que tanto le duelen.
El fracaso de la 4T no será político, sino económico, ya que el único plan es seguir exprimiendo a los contribuyentes cautivos para financiar un modelo clientelar basado en regalar dinero, o como dice el dicho popular: el muerto al pozo y el vivo al gozo. Puro fango, justo de ese que le gusta a la 4T.