
Este título incomoda.
Y justo por eso es necesario.
Muchas mujeres han sido etiquetadas como agresivas, controladoras, explosivas o “demasiado fuertes”.
Pero desde la mirada sistémica y la sanación emocional, eso no es un defecto de carácter.
Es una herida.
Cuando papá no estuvo, no sostuvo, no protegió o no fue una presencia segura, el sistema interno aprendió a sobrevivir.
A ir al frente.
A no depender de nadie.
A controlar para no volver a sentir abandono.
Esa agresividad no nació porque sí.
Es energía masculina desbordada.
Es la niña interior diciendo: “si no lo hago yo, no lo hace nadie”.
El problema es que vivir así agota.
Cierra el corazón.
Rompe vínculos.
Y te deja sola cargando con todo.
En este episodio te invito a mirar a papá con otros ojos.
No para justificar.
Sino para sanar.
Porque mientras no mires esa herida, seguirás pagando las consecuencias en tus relaciones, en tu cuerpo y en tu paz interior.
Este no es un episodio suave.
Es un llamado directo a la conciencia.
Y a comenzar tu proceso de sanación emocional ahora, no cuando la vida te obligue.
Si este mensaje te tocó, no lo ignores.
Escríbeme por mis redes sociales y solicita tu sesión de claridad para iniciar tu proceso de sanación interior.
Sanar no te quita fuerza.
Te devuelve tu equilibrio.