
Solo en Dios y en el conocimiento íntimo de su amor es que el hombre encuentra su paz, su realización, su plenitud, su alivio, su descanso más profundo. Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. (Mt 11:28). Y San Agustín oró: Oh, Dios, tú nos has hecho para ti mismo, y nuestros corazones seguirán inquietos hasta que puedan encontrar el descanso en ti.
Este amor de Dios es la causa última de todo lo que existe, es la causa última de todo lo que pasa, es la causa última de nuestra existencia. Por eso es que al final de tantas vueltas que el corazón humano da en búsqueda de su felicidad, de su realización, de su plenitud, igual que los Israelitas en el desierto, llega un día a darse cuenta, como ellos, que la tierra prometida estaba tan cerca, pues la felicidad y la plenitud del hombre es saberse amado por Dios, saberse amado por su Padre y Creador. (Madre Adela Galindo - Corazones.org)