
La relación de la filosofía, del quehacer filosófico, con lo que ahora hacen, y está muy de moda porque monetiza y monetiza bien, los, las y les influencers es más antigua de lo que parece. Es una influencia que deviene de los diálogos de Platón y, en términos generales, con las primeras aproximaciones de divulgar el conocimiento mediante la oralidad (y no con la escritura) en un diálogo vivo. Un performance y una democratización de la expresión (no necesariamente de la libertad) que nos brindan la tecnología y las redes sociales. ¿Pero qué tanto nos enajena un estilo de vida como el de los influencers? ¿Qué tanto nos dejamos persuadir por el fetiche de los likes?