
En una isla remota de Fidji, cuatro mil niños levantaron primero un garrote… y luego un Nuevo Testamento.
Con un canto antiguo recordaron la oscuridad en la que vivían; con un canto nuevo celebraron la luz que cambió sus vidas.
Esta gema nos recuerda que donde el Evangelio llega, la violencia se apaga, la oscuridad retrocede y nace un nuevo corazón.
Porque Cristo no solo cambia costumbres… transforma destinos enteros.
Hoy, deja tu “garrote” —tu pasado, tu dolor, tus viejas cadenas— y abraza el libro de la vida.
El mismo poder que iluminó a esas islas puede iluminar tu hogar, tu mente y tu futuro.
“No me avergüenzo del Evangelio; porque es potencia de Dios para salvación.” (Romanos 1:16)