
Un disparo nos estremeció, y luego, un zumbido desorientador.— ¿La mataron? —Nos preguntábamos.Algunos lo afirmaban.La duda se arrastraba entre los cuerpos temblorosos, al ras del suelo. Una estampida de murciélagos nos hizo gritar. Todos gritamos de miedo, ylos custodios reían centelleando sus focos . Me hice en los pantalones.