
Hoy estaremos leyendo Genesis 1-4. Decidí comenzar este devocional con los primeros 10 capítulos del libro de Genesis porque hace algunos años atrás tuve la oportunidad de ir con mi familia a un lugar al norte de los Estados Unidos que me impactó. Es la réplica del arca de Noé en tamaño real. Aparte de la magnitud y excelencia que vi en ese lugar se me quedó grabado algo que aprendí acerca del fundador de ese ministerio, un maestro bíblico llamado Ken Ham. El comparte que su ministerio se basa en los primeros 10 capítulos del libro de Génesis. La razón por la cual Dios puso este sentir tan fuerte en su vida es porque Dios le reveló que el enemigo quiere hacer que las personas duden que fueron creadas por Dios. Entonces les hace creer que simplemente son un fruto de la casualidad. ¡Qué revelación tan sencilla pero tan poderosa! A partir del dia 3 estaremos leyendo una parte del antiguo testamento, una del nuevo testamento y un salmo o proverbio.
En Génesis 1 al 4, Dios nos lleva al origen de todo y, al mismo tiempo, al origen del corazón humano. En el capítulo 1, vemos a Dios creando con orden, propósito y palabra. Todo surge cuando Dios habla. La luz vence la oscuridad, el caos se ordena y la vida florece. Y cuando Dios crea al ser humano, lo hace a Su imagen y semejanza. No somos un accidente: fuimos creados con dignidad, identidad y propósito. Dios declara que todo lo que ha hecho es “muy bueno”. Reflexiona: ¿Estás viviendo consciente de que fuiste creado a imagen de Dios?
En el capítulo 2, el enfoque se vuelve personal. Dios forma al hombre del polvo y sopla en él aliento de vida. No solo lo crea: camina con él. Coloca a Adán en el huerto, le da responsabilidad y luego declara algo profundo: “No es bueno que el hombre esté solo.” Dios diseña la relación, la familia y la unión como parte de Su plan perfecto. Antes del pecado, había comunión, propósito y descanso.
En el capítulo 3, todo cambia. La serpiente introduce la duda: “¿De verdad dijo Dios…?” El pecado entra cuando el ser humano decide confiar más en su propio criterio que en la palabra de Dios. La consecuencia no es solo desobediencia, sino ruptura: con Dios, con los demás y consigo mismos. Aparece la vergüenza, el miedo y la culpa.Pero incluso aquí, Dios muestra gracia. Él busca al hombre: “¿Dónde estás?” No para condenar, sino para restaurar. Y en medio del juicio, Dios deja una promesa: la simiente que un día aplastará la cabeza de la serpiente. Desde el principio, Dios ya estaba anunciando redención.
En el capítulo 4, vemos cómo el pecado no tratado crece. Caín y Abel ofrecen sacrificios, pero Dios mira el corazón. Caín se llena de enojo y celos cuando su ofrenda no es aceptada. Dios le advierte: “El pecado está a la puerta… pero tú puedes dominarlo.” Caín no escucha y termina matando a su hermano. El pecado que comenzó con desobediencia ahora se manifiesta como violencia. Aun así, Dios vuelve a mostrar misericordia. Protege a Caín y preserva la vida. La humanidad cae, pero Dios no abandona Su propósito.