
Hoy estaremos leyendo Zacarías 4-6, Apocalipsis 16, Proverbios 29:21-27. En Zacarías 4 al 6, Dios fortalece a Su pueblo con visiones que revelan cómo Él cumple Su obra y establece Su justicia. En el capítulo 4, Zacarías ve un candelabro alimentado continuamente por aceite, y Dios declara una de las frases más conocidas del libro: “No con ejército ni con fuerza, sino con mi Espíritu.” Zorobabel terminará la obra porque Dios mismo la sostiene. Lo que comenzó con dificultad terminará con gritos de alegría: “¡Gracia, gracia!” En el capítulo 5, aparecen dos visiones de juicio: un rollo volador que representa la Palabra de Dios trayendo corrección, y una mujer dentro de un efa que simboliza la maldad siendo removida de la tierra. Dios no solo edifica; también limpia. En el capítulo 6, Zacarías ve carros que recorren la tierra, mostrando que Dios gobierna las naciones. Luego, Josué el sumo sacerdote es coronado, apuntando proféticamente al Mesías: el Renuevo, quien reinará como Rey y Sacerdote. Dios está construyendo algo eterno, y nada lo puede detener. Reflexiona: ¿Estás confiando en tus fuerzas o en el Espíritu de Dios para cumplir lo que Él te llamó a hacer? ¿Permites que Dios limpie lo que estorba Su obra en tu vida?
En Apocalipsis 16, se derraman las siete copas de la ira de Dios, completando Su juicio sobre un mundo que persistió en rebelarse. Cada copa trae consecuencias directas sobre quienes rechazaron a Dios, pero algo se repite de forma impactante: “no se arrepintieron.”Aun frente a juicios evidentes, muchos endurecen su corazón y blasfeman en lugar de volver a Dios. El capítulo culmina con la preparación de Armagedón y una advertencia de Jesús en medio del juicio: “Vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela.” El mensaje no es para causar temor, sino un llamado a perseverar y permanecer despiertos espiritualmente. Reflexiona: ¿Tu corazón permanece sensible a Dios o se está endureciendo? ¿Estás velando espiritualmente o viviendo distraído?
En Proverbios 29:21–27, la sabiduría advierte sobre la indulgencia, la ira y la injusticia. Criar a alguien sin corrección termina produciendo dolor. El orgullo del hombre lo humilla, pero el humilde alcanza honra. También dice que el temor al hombre es una trampa, pero el que confía en el Señor está seguro.El pasaje termina con un contraste fuerte: los justos detestan la injusticia, y los malvados detestan al íntegro. Vivir con rectitud siempre traerá oposición, pero también la aprobación de Dios.