
Abrimos una nueva etapa de entrevistas: la ruta diplomática. Y para inaugurarla, recibimos a un padrino de lujo: José Crespo, Embajador del Estado Plurinacional de Bolivia en México, quien está cerrando su segunda gestión diplomática en nuestro país, después de casi nueve años de trabajo, vínculos y memoria compartida.Lejos de la imagen fría del trámite y la ventanilla, el embajador nos explica cómo se construye una embajada por dentro:la relación bilateral política y comercial,el área de comercio exterior,la responsable cultural que muestra el rostro artístico de Bolivia en México,la oficina consular que atiende a la comunidad boliviana,y la estructura administrativa y de servicios que sostiene el día a día, desde los bancos hasta el estacionamiento de la sede.A partir de ahí, entramos en la vida real de los vínculos entre ambos países:la presencia de alrededor de 5,000 bolivianos en México,las olas migratorias (exilio político, profesionalización en medicina y salud, migración económica),el bajo tránsito hacia Estados Unidos que permite un ingreso sin visa entre México y Bolivia,y el dato entrañable: más mexicanos viviendo en Bolivia que bolivianos en México.También descubrimos un rostro inesperado de Bolivia en la Ciudad de México: cerca de 15 grupos de música y ballet folclórico boliviano solo en CDMX, presentes en festivales, celebraciones y actividades como Día de Muertos, construyendo identidad desde el escenario.Desde la perspectiva económica, el embajador detalla una relación comercial asimétrica pero viva:Bolivia exporta a México minerales (estaño, plata, oro), productos agrícolas (quinoa, soya) y manufacturas como los cascos de fieltro que se convierten aquí en sombreros de charro o de trabajo.México exporta a Bolivia principalmente automóviles y línea blanca, mostrando el lado industrial de la relación.En el corazón del episodio aparece el motivo principal de la visita: el bicentenario de Bolivia como Estado independiente y la exposición “El Águila y el Cóndor”, presentada en el Museo Nacional de la Acuarela en Coyoacán, con 40 acuarelistas bolivianos y 40 mexicanos compartiendo una sola muestra. La portada, una escena de tortillería de Ricardo Pérez Alcalá, funciona como metáfora: es una esquina que podría ser tanto de México como de Bolivia.