
En el año 649, en el Concilio de Letrán, fue proclamado que Jesús fue concebido “absque semine ex Spiritu Sancto” (sin semen, por el Espíritu Santo). Siglos después, el 7 de agosto de 1555, la Constitución Apostólica declaró así el dogma de la virginidad de María: De parte de Dios Padre Hijo Espíritu Santo, con la autoridad apostólica corregimos a los que tal vez afirmen que Jesucristo no fue concebido por obra del Espíritu Santo, sino como los demás hombres… o que la misma beatísima Virgen María no es Madre de Dios ni permaneció siempre en perfecta integridad virginal… antes del parto, en el parto y perpetuamente después del parto.