
El panorama mediático mexicano se encuentra inmerso en una profunda metamorfosis, impulsada por la irrupción de la era digital. Esta transformación va más allá de la mera adopción tecnológica; representa una reconfiguración fundamental de cómo la información se produce, distribuye y consume en la sociedad.1 La llegada de internet y las redes sociales ha revolucionado el acceso y la interacción con el contenido informativo, generando un debate crucial sobre el papel de los medios de comunicación hegemónicos frente a la creciente influencia de los canales informativos independientes.