
La intención de la obra de Miguel Treviño es pedagógica, a la manera de un manual de gestión pública elaborado sobre la exposición clara de la formación de sus equipos, la definición de una ética de trabajo y la creación de una visión compartida.
No se queda, afortunadamente, en un recetario de políticas públicas. Hay en todo el texto una mezcla de tono profesional o académico con toques personales, humanos, de momentos de incertidumbre, dudas, errores cometidos, aciertos logrados, que en conjunto nos revela la prueba durísima que fue el servicio público para un joven político idealista y su equipo en 2018.