
Cuántas veces planeamos, soñamos, organizamos… y después pedimos a Dios que bendiga lo que ya hicimos.
Pero el orden del Reino no es así.
Dios no bendice lo que no le hemos consultado.
Él bendice lo que nace en Su corazón y se revela en la oración.
📖 “Encomienda al Señor tus obras, y tus pensamientos serán afirmados.” (Proverbios 16,3)
Orar primero no es una pérdida de tiempo; es sembrar en tierra fértil.
Es reconocer que Dios tiene una visión más alta, más sabia y más perfecta que la nuestra.
Ejemplo bíblico:
Antes de iniciar su misión pública, Jesús se retiró al desierto durante cuarenta días para orar (Mateo 4,1-11).
No fue casualidad. Fue preparación.
Antes del milagro, viene la comunión con el Padre.
Antes de la acción, viene la adoración.