
Sin lluvia, no hay vida en la tierra. Igualmente, sin la Palabra de Dios, no hay vida espíritual en una persona. ¡Cuán bueno es la Palabra de Dios y cuánto la necesitamos! Como uno no puede impedir la lluvia de descender a la tierra, así tampoco uno puede impedir la Palabra de Dios de cumplir con los própositos de Dios. Escucha a unos pensamientos breves acerca de este tema importante.