
Arranca el episodio y Carol vuelve a hacer lo que mejor se le da: enfadarse con el colectivo, porque el Gatorade que le mandan no está suficientemente frío. También se dedica a rascar boletos (uno con premio de 10.000 $ que deja ahí tirado, porque claro, ¿quién necesita dinero cuando el mundo se ha ido al garete?) y encuentra unos fuegos artificiales. Sí, fuegos artificiales. Porque nada dice “cordura postapocalíptica” como ir a por petardos.