
Desde la psicología cognitiva, sabemos que el 92% de las metas establecidas en enero se abandonan antes de marzo (Universidad de Scranton, 2023). ¿La razón? No es falta de disciplina: es falta de alineación emocional.
Cuando una meta nace desde el “tengo que” y no desde el “quiero ser”, el cerebro la percibe como una amenaza. El sistema límbico —donde habita la emoción— y la corteza prefrontal —donde habita la planificación— entran en conflicto. Así la motivación inicial se desvanece y el cerebro busca volver al terreno conocido: el confort, aunque duela.