
Hoy te cuento el dramita completo de pasar la ITV: la cita a deshora, el señor del chaleco reflectante con más poder que todos tus jefes juntos, el coche temblando en la plataforma y yo sudando como si estuviera en Selectividad otra vez.
Spoiler: no es solo el coche el que se siente evaluado, somos nosotras, la vida adulta y esa sensación de “si fallo aquí, fallo en todo”. Ponte el cinturón, que hoy hay frenómetro emocional incluido.