
n este episodio de Podría ser PeOr vengo a hacer lo único que sé hacer bien cuando la vida aprieta: odiar con criterio.
Hablamos de la gente que camina lento como si estuviera en una visita guiada, de los que pitan en el coche creyéndose Moisés abriendo el mar, de quienes te pinchan la ilusión diciendo que ellos lo consiguieron más barato, de los vecinos de arriba que parecen estar rodando Jurassic Park, de los condescendientes que te hablan como si fueras tonta, de los falsos, de los que solo aparecen cuando necesitan algo y de esa sartén asquerosa que surge justo cuando ya has fregado toda la cocina.
También odiamos hacer la cama, el cambio de armario, el sonido del Teams, los puntos suspensivos de psicópata, los “Ok” después de escribir durante horas en WhatsApp y mi incapacidad crónica para decir que no, que me convierte en carne de secta con chakras desalineados.
Un Odiario largo, intenso y terapéutico.
No aporta soluciones. No arregla el mundo. Pero alivia.
Porque podría ser peor… podría ser que no nos quejáramos.
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