
Lucas 1:26–38 nos recuerda que la Navidad no nació de la fuerza humana, sino de la gracia de Dios irrumpiendo en lo imposible.
María era pequeña, desconocida, sin “credenciales”… y, aun así, Dios la visitó.
Así actúa el evangelio: Dios se acerca a los que se sienten insuficientes, habla vida donde vemos límites y trae esperanza donde antes solo había vacío.
En Jesús, Dios hizo lo más imposible: salvar pecadores, dar vida al que no podía producirla y traer luz donde reinaba la oscuridad.
Adviento nos enseña esto:No confiamos en lo que nosotros podemos lograr, sino en lo que Dios ya hizo.
No celebramos nuestra capacidad, sino Su gracia.
No descansamos en las circunstancias, sino en Cristo —la esperanza que nunca falla.
Nada es imposible para Dios.
Y lo más imposible ya lo hizo: vino por nosotros.