
Una iglesia viva no se mide por escenarios, sino por vidas transformadas.
En Hechos 2 vemos al Espíritu formando una comunidad sencilla, centrada en la Palabra, la oración, la mesa y la misión.
No buscamos replicar un modelo, sino permitir que el mismo Espíritu produzca hoy el mismo fruto.
Menos estructura, más Espíritu. Menos evento, más familia.