
Todos sufrimos del síndrome del pequeño diosecito: nos creemos tener el control y capaces de hacer el trabajo mejor de lo que lo hace el Señor. Muchas veces somos ignorantes de este tipo de orgullo dentro nuestro, pero nuestras acciones y reacciones lo hacen evidente. ¿Cuál es la solución y el antídoto? = LA HUMILDAD DE CRISTO JESÚS