
En este episodio hablamos de una obra silenciosa, profunda y a veces incómoda: la labor del Espíritu Santo para quebrar nuestro orgullo y llevarnos de vuelta a la humildad de Cristo.
Porque sí… a veces el tiempo en la iglesia, la madurez o cierta “autoridad espiritual” pueden hacernos caer en el error más sutil: creernos mejores que otros. Y allí es donde el Espíritu Santo nos lleva al “desierto” —como dice Oseas— para hablarnos al corazón.
Ese desierto puede ser una enfermedad, una crisis económica, una temporada de soledad o un momento donde se nos cae la “fortaleza” que construimos. Y es ahí, en el punto más bajo, donde Él nos recuerda lo esencial:
solo Cristo es nuestra solución, nuestra salida, nuestro Señor.
Este episodio es una invitación a dejar que el Espíritu Santo derribe la soberbia, nos vuelva a los pies de Jesús y haga nuevo. en nosotros un corazón humilde, sensible y verdadero.