
Una pantalla del tamaño de una pupila con resolución imposible. Un chip analógico que supera mil veces a las GPU más avanzadas. Una IA que identifica lesiones cerebrales diminutas y salva vidas. Y microdrones que navegan como murciélagos en plena oscuridad.
La innovación dejó de ser visible: ahora ocurre en lo microscópico, lo eléctrico y lo inaudible.
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