
Una de las lecciones más valiosas sobre la importancia del tiempo, la responsabilidad y la actitud proactiva ante la vida. Nos recuerda que cada día es una oportunidad que Dios nos da para avanzar, crecer y cumplir con las tareas, sueños y propósitos que tenemos. Dejar para mañana lo que podemos hacer hoy es, muchas veces, una forma de autosabotaje que nos impide alcanzar el éxito y la paz interior. Cuando postergamos las cosas, caemos en la trampa de la pereza, el conformismo o el miedo. Creemos que habrá un “mejor momento” para actuar, pero la verdad es que el momento perfecto no existe. El mañana es incierto; lo único que realmente tenemos asegurado es el presente. Por eso, esta frase nos motiva a aprovechar el “hoy” como el mejor día para avanzar, mejorar y cumplir nuestras responsabilidades, tanto personales como espirituales.