
En el signo Ogbe Kana encontramos un pataki ancestral que explica por qué, dentro de la religión yoruba y la práctica afrocubana, los animales de plumas hembras —como la gallina, la paloma y la guinea— no deben ser sacrificados con cuchillo, sino únicamente con las manos.
Cuenta la historia que Obe, el cuchillo sagrado, y Ada Orisha eran grandes amigos. Caminaban juntos por el mundo, inseparables, cumpliendo funciones rituales y divinas.Un día, ambos decidieron dirigirse al pie de un árbol para recoger unos adimú (ofrendas).
Lo que ellos no sabían era que en ese árbol habitaban ajogunes, entidades negativas que aguardaban pacientemente su llegada para provocarles desgracias y sembrar la negatividad en su camino.
Sin embargo, en lo alto del árbol —sin ser vistas— se encontraban la gallina, la paloma y la guinea. Las aves escucharon con atención el plan oscuro de los ajogunes y, al comprender el peligro que corrían Obe y Ada Orisha, reaccionaron de inmediato. Movidas por la lealtad y el buen corazón, decidieron advertirles.
Durante el trayecto se encontraron con Eshu, el mensajero divino y guardián de los caminos. Al conocer la urgencia del mensaje, Eshu las condujo directamente ante Obe y Ada Orisha, para que pudieran relatar lo que habían escuchado.
Tras oír el aviso y comprender la magnitud del favor recibido, las deidades tomaron una decisión sagrada:
Mientras el mundo sea mundo,jamás se utilizará a Obe ni a Ada Orishapara el sacrificio de estas aves hembras,en agradecimiento por haber salvado sus vidas.
Desde entonces, cuando se inmolan gallinas, palomas o guineas hembras, no se emplea el cuchillo, sino las manos, como símbolo de respeto, memoria y gratitud eterna.
Así lo marca Ogbe Kana, y así lo sostiene la tradición.