
El texto explora las similitudes y el origen común de diversas teologías y filosofías antiguas, destacando el uso universal de emblemas y símbolos para comunicar doctrinas esotéricas. Se argumenta que un lenguaje esotérico universal o "lenguaje del Misterio" subyace a todas las religiones, cuya clave poseen sabios kabalistas y matemáticos. La obra critica las interpretaciones materialistas modernas de la ciencia, particularmente en relación con la gravedad, el éter y la composición de la materia, comparándolas con las ideas de filósofos antiguos y el ocultismo. Se sugiere que muchos fenómenos atribuidos a fuerzas físicas son en realidad manifestaciones de entidades espirituales o energías cósmicas inteligentes, y se enfatiza la importancia de una doctrina secreta arcaica que ofrece una comprensión más profunda del universo, la evolución y el karma. Finalmente, se hace un llamado a la ciencia para que reconsidere la sabiduría ancestral, previendo que los descubrimientos futuros validarán estas antiguas perspectivas.