
El texto presenta un ensayo que reflexiona sobre el papel de la Inteligencia Artificial (IA) en la arquitectura, argumentando que la disciplina debe concebirse como Artificio Inteligente en lugar de simplemente un proceso artificial. Mediante referencias culturales, como HAL 9000 y el Test de Turing, el autor examina las implicaciones de una inteligencia que opera sin el contexto ético y la responsabilidad propias de la humanidad. La distinción crucial radica en la jerarquía entre información, conocimiento y la sabiduría —el juicio humano aplicado al contexto—, la cual la IA no puede replicar. El Artificio Inteligente se define como la creación deliberada y responsable que negocia contradicciones y se apoya en el conocimiento situado, el error productivo y la intuición. En última instancia, el autor propone que la IA debe servir como una herramienta potente para explorar y optimizar posibilidades, pero la responsabilidad ética y la toma de decisiones críticas deben permanecer irrenunciablemente en manos del arquitecto.