
Las plataformas de streaming han cambiado la forma en que los oyentes consumen música. En Spotify, los artistas sólo reciben ingresos por una reproducción si el usuario escucha al menos 30 segundos de la canción. Esto ha llevado a los compositores y productores a estructurar sus canciones de manera que enganchen rápidamente al oyente, reduciendo introducciones largas y asegurando que el estribillo llegue lo más pronto posible.