No tener bando también es tener una voz. Una que no grita, pero sostiene. Una que elige no traicionarse, aunque eso te deje sola.
Este episodio es un viaje por esa tierra de nadie donde no hay aplausos fáciles, pero sí conciencia, dignidad y pensamiento propio.
Este episodio nace de un clic emocional. En él te invito a hacer algo: a escuchar, a preguntar, a abrazar. Porque a veces, una conversación no solo es amor... es un acto de justicia.
Dedicado a Malva, a mis padres y a todas esas personas sabias que aún tienen que ser descubiertas.
Cuidamos a todos. A los hijos, a los padres, a la pareja, al trabajo… y a veces hasta a quien no nos ha pedido nada.Pero, ¿quién cuida a la cuidadora?En este episodio hablo de ese cansancio invisible que arrastramos muchas mujeres, de la culpa por parar, del miedo a decepcionar y de la urgencia de empezar a cuidarnos sin pedir permiso.Porque no se trata de dejar de cuidar, sino de aprender a hacerlo empezando por una misma.
Nos enseñaron a contener lo humano: los abrazos, la ternura, el cariño.
Este episodio habla del amor que no decimos y de lo valiente que es atreverse a mostrarlo.
Nos educaron para funcionar, no para ser felices. Este episodio es una pausa necesaria para recordarte que priorizarte no es egoísmo y que soñar, a cualquier edad, es una forma de seguir viva.
A veces el ruido no se nota, porque lo tapamos con más ruido: trabajo, ocupaciones, pantallas.
Y creemos que funciona… hasta que un día deja de hacerlo.
En este episodio hablo de ese momento en el que el ruido deja de anestesiar y aparece el silencio.
Un silencio incómodo, pero necesario, que nos obliga a escucharnos y a hacernos las preguntas que llevamos años evitando.
Quizás no sea el momento de tener respuestas, sino de quedarte ahí, en pausa, observando y respirando.
Porque a veces, el verdadero cambio empieza justo cuando todo se detiene.
En este primer episodio te abro las puertas a mi rincón de calma. Te cuento quién soy, por qué nace Charlas con sentido y qué podrás encontrar en este espacio que invita a bajar el ritmo, escucharnos despacio y sentir de verdad, sin filtros.
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