A mediados del siglo XX, el mundo vivía con un miedo constante: la poliomielitis. Cada verano, miles de niños quedaban paralizados de por vida. Las piscinas se vaciaban, las familias se encerraban en casa, y las salas de hospitales se llenaban de pulmones de acero para ayudar a los pequeños arespirar.
Cada año, en España mueren más de 4.000 personas por infecciones causadas por bacterias resistentes a los antibióticos. Es una cifra superior a la de los accidentes de tráfico. Un enemigo silencioso que crece dentro de nuestros hospitales y comunidades: la resistencia a los antibióticos.”
Los hospitales son lugares para curar… pero también, a veces, escenario de nuevas infecciones. Son las llamadas infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria, un enemigo invisible que acecha incluso en los lugares donde vamos a sanar.
Cuando hablamos de exploración espacial pensamos en astronautas, cohetes y planetas lejanos. Pero lo cierto es que los primeros colonos del espacio… fueron los microbios.
En el siglo XIX, la tuberculosis era conocida como la ‘peste blanca’. Una de cada siete personas en Europa moría por su culpa. Era una sentencia de muerte lenta, con fiebre, tos con sangre y un desgaste implacable. Hasta que un médico alemán decidió mirarla de frente: Robert Koch
Una mancha roja en forma de anillo, que pica y se extiende poco a poco. Durante siglos se creyó que era un castigo, una maldición o incluso la mordedura de un gusano. Hoy sabemos que es algo más sencillo… y más invisible: un hongo. La tiña
Cada año, millones de personas cruzan fronteras en busca de vacaciones, trabajo o aventura. Y muchos se llevan de recuerdo algo inesperado: la diarrea del viajero. El souvenir más común… y menos deseado.
En el siglo XIX, la rabia era una de las enfermedades más temidas. Una mordedura de perro podía ser una sentencia de muerte lenta y terrible: fiebre, espasmos, hidrofobia, delirio… y al final, la muerte. No existía tratamiento. Hasta que un científico francés decidió enfrentarse al monstruo invisible: Louis Pasteur
En el siglo XVII, mientras Europa hablaba de Newton y Galileo, un comerciante de telas en Holanda hacía historia con un pequeño trozo de vidrio. Su nombre: Antony van Leeuwenhoek. Su descubrimiento: un mundo invisible que nadie había visto jamás.
Hubo un momento en la historia en el que Europa entera se vio de rodillas ante un enemigo invisible. Un enemigo que viajaba en barcos, en roedores… y en las pulgas que los acompañaban. Era la peste negra, la gran pandemia del siglo XIV.
Durante décadas, los antibióticos fueron el milagro de la medicina moderna. Con ellos, la humanidad creyó haber vencido a su enemigo invisible. Pero los microbios… aprendieron
Un descuido en un laboratorio cambió la historia de la medicina. Un hongo que cayó donde no debía… abrió la puerta a la era de los antibióticos.
Un simple corte con un clavo oxidado puede ser la puerta de entrada a uno de los venenos más potentes del planeta. Un microbio que provoca la llamada ‘sonrisa sardónica’: la mueca mortal del tétanos.
Una simple pastilla ha salvado a millones de personas de la ceguera y la filariasis. Pero hoy, la ivermectina se estudia con un propósito aún más ambicioso: cortar de raíz la transmisión de enfermedades como la malaria.
En las orillas de los ríos de África y América Latina, un diminuto insecto transporta un enemigo que roba la vista: un gusano microscópico llamado Onchocerca volvulus.
Hong Kong, verano de 1894. Una epidemia de peste arrasaba la ciudad. Las calles estaban llenas de cadáveres, el miedo se extendía, y un joven médico franco-suizo se preparaba para un descubrimiento que cambiaría la historia: Alexandre Yersin.
Durante la Primera Guerra Mundial, los soldados temían no solo a las balas y al gas…sino también a una fiebre misteriosa que los tumbaba en las trincheras.
Estamos acostumbrados a pensar en los virus como causantes de resfriados, diarreas o fiebres pasajeras. Pero algunos han desarrollado un poder mucho más inquietante: provocar cáncer.”
Un virus diminuto, transmitido en silencio en las relaciones sexuales, puede tardar décadas en mostrar su verdadero rostro: el cáncer. Es el virus del papiloma humano, el HPV.
A inicios de los años 80, una nueva enfermedad comenzó a desconcertar al mundo: jóvenes sanos que de repente desarrollaban infecciones raras, cánceres inusuales y morían en pocos meses.